martes, 26 de junio de 2012



Hoy almorcé en un bar.
Pasé por 3 mesas distintas hasta dar con esa que tuviera suficiente espacio entre sus pares para no sentirme ahogada, y a la que le llegara la cantidad de luz perfecta que genera ese calorcito agradable y le da brillo a la situación.
Cambié 3 veces la posición de mi silla hasta dar con la perfecta que me permitiera tener una visión general de la calle, y que al mismo tiempo no me generara la asfixia que otras me generan.
Agarré 3 sandwiches diferentes hasta decidirme por ese que fuera lo suficientemente llenador, lo razonablemente barato y me dejara sin culpa por ingerir algun ingrediente muy grasoso o extremadamente calórico.
Al subirme al colectivo, pasé por 3 asientos diferentes hasta llegar a ese individual que tiene la ventana amplia, y es lo suficientemente alto y espacioso para acortar el complejo de inferioridad que me genera mi humilde metro cincuenta y siete si agrego uno que otro.
Esto de buscar lo que realmente uno quiere en todo es agotador.


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