Eran las ocho y media y todavía no había llegado.
Me dijo que me buscaba a las ocho, todavía no había motivo para desesperar.
Me quedé mirando por la ventana, hasta que ví un auto estacionarse y lo reconocí. Sin que tuviera tiempo de tocar el timbre o llamarme, salgo a la puerta.
-Hola! estaba mirando por la ventana y te ví, como dijiste que venías a las ocho y son las ocho y media me quedé esperando. Como andás?
Lo conocí en una fiesta. Yo había tomado de más por lo que consideraba esta la primera vez que nos veíamos.
-Ahora con el tema del Blackberry ni un llamadito no? Un mensaje y estamos... Pero todo bien, estoy con ganas de divertirme y pasarla bien... a dónde vamos? Por favor nada de esos restaurantes donde te cobran 70$ por un plato al que comúnmente llamamos milanesa con puré.
Me había dado cuenta que al pobre chico no lo había dejado ni hablar...
-Uy perdón, no paré de hablar... ando muy verborrajica últimamente, pero bueno, soy así, de última nos volveremos más temprano con la excusa de que tenés un cumpleaños...
Arrancó el auto y Drexler sonaba en la radio. En el viaje nos reímos un poco de la fiesta, claramente él estaba en la misma, pero en cinco minutos recopilamos la información necesaria para recordar todo.
- Sí, te digo que cuando te me acercaste me pareciste medio goma. Tengo ciertos prejuicios que me imposibilitan relacionarme con algunas personas... si sos del Newman o Rugbier, ya pienso que sos un boludo... medio loco porque mis mejores amigos son del Newman, las contradicciones de la vida no? Pero bueno, lo estoy tratando con la pscicóloga.
Paró el auto y entramos a un restaurancito que no conocía. Sencillo, con onda, y una bandita medio salsera que le ponía música al ambiente. Nos acomodamos, y pedimos la comida, yo me pedí fideos. Si, si, fideos.
-Eso de que en una primer salida los fideos son el peor enemigo me rompe las pelotas. Qué pasa si me mancho toda la boca o me queda una colgando, te vas a levantar o algo? Digo no, la gente vivie con muchos traumas, agarrás la servilleta y listo. Tanto quilombo. Como si el otro nunca se manchara. Si te gustan los fideos, comé fideos.
Él me miraba absorto por alguna razón, pero se reía y seguía la conversación.
Pasó el rato, la comida muy rica y la charla muy divertida.
Al rededor de las once, la banda empezó a arengar, pero la gente tímida seguia en sus asientos. No dudé un segundo, lo agarré del brazo y lo llevé al medio conmigo.
-Se vive con muchas barreras, mirá toda esta gente sentada aburrida, muriendóse de ganas de bailar pero esta energia misteriosa que llamamos verguenza los retiene. Qué pasa, qué problema hay, realmente no lo entiendo, la gente no sabe divertirse.
Mientras tanto el me hacía girar y me divertía con sus movimientos improvisados.
Pasamos un rato así bailando cada vez más sueltos, y entonces me acerqué y le dí un beso. Eso de que tiene que ser el hombre el que avance nunca lo compartí, pero bueno a veces uno se adapta al sistema y se deja llevar. Hoy no.
-Perdonáme si te hice sentir menos hombre, pero tarde o temprano iba a pasar no? Va, yo tenía ganas y me pintó...
Se hicieron las tres y ya cansados decidimos volver. La vuelta fue silenciosa pero agradable. Drexler seguía de fondo y no había necesidad de decir nada. Llegamos a la puerta de casa.
-Che, todo bien eh, yo la pase muy bien hoy pero relajá. No tenes que desenvolver el speech de que me vas a llamar y eso... digo, si tenés ganas llamame, pero yo estoy tranquila, no te sientas presionado a decirlo... Gracias, estuvo muy divertido!
Un último beso y me bajé...
Eran las ocho y media y todavía no había llegado. Me dijo que me buscaba a las ocho, todavía no había motivo para desesperar.
Me quedé mirando por la ventana, hasta que ví un auto estacionarse y lo reconocí. Sin que tuviera tiempo de tocar el timbre o llamarme, salgo a la puerta.
-Hola! estaba mirando por la ventana y te ví, como dijiste que venías a las ocho y son las ocho y media me quedé esperando. Como andás?
Lo conocí en una fiesta. Yo había tomado de más por lo que consideraba esta la primera vez que nos veíamos.
-Ahora con el tema del Blackberry ni un llamadito no? Un mensaje y estamos... Pero todo bien, estoy con ganas de divertirme y pasarla bien... a dónde vamos? Por favor nada de esos restaurantes donde te cobran 70$ por un plato al que comúnmente llamamos milanesa con puré.
Me había dado cuenta que al pobre chico no lo había dejado ni hablar...
-Uy perdón, no paré de hablar... ando muy verborrajica últimamente, pero bueno, soy así, de última nos volveremos más temprano con la excusa de que tenés un cumpleaños...
Arrancó el auto y Drexler sonaba en la radio. En el viaje nos reímos un poco de la fiesta, claramente él estaba en la misma, pero en cinco minutos recopilamos la información necesaria para recordar todo.
- Sí, te digo que cuando te me acercaste me pareciste medio goma. Tengo ciertos prejuicios que me imposibilitan relacionarme con algunas personas... si sos del Newman o Rugbier, ya pienso que sos un boludo... medio loco porque mis mejores amigos son del Newman, las contradicciones de la vida no? Pero bueno, lo estoy tratando con la pscicóloga.
Paró el auto y entramos a un restaurancito que no conocía. Sencillo, con onda, y una bandita medio salsera que le ponía música al ambiente. Nos acomodamos, y pedimos la comida, yo me pedí fideos. Si, si, fideos.
-Eso de que en una primer salida los fideos son el peor enemigo me rompe las pelotas. Qué pasa si me mancho toda la boca o me queda una colgando, te vas a levantar o algo? Digo no, la gente vivie con muchos traumas, agarrás la servilleta y listo. Tanto quilombo. Como si el otro nunca se manchara. Si te gustan los fideos, comé fideos.
Él me miraba absorto por alguna razón, pero se reía y seguía la conversación.
Pasó el rato, la comida muy rica y la charla muy divertida.
Al rededor de las once, la banda empezó a arengar, pero la gente tímida seguia en sus asientos. No dudé un segundo, lo agarré del brazo y lo llevé al medio conmigo.
-Se vive con muchas barreras, mirá toda esta gente sentada aburrida, muriendóse de ganas de bailar pero esta energia misteriosa que llamamos verguenza los retiene. Qué pasa, qué problema hay, realmente no lo entiendo, la gente no sabe divertirse.
Mientras tanto el me hacía girar y me divertía con sus movimientos improvisados.
Pasamos un rato así bailando cada vez más sueltos, y entonces me acerqué y le dí un beso. Eso de que tiene que ser el hombre el que avance nunca lo compartí, pero bueno a veces uno se adapta al sistema y se deja llevar. Hoy no.
-Perdonáme si te hice sentir menos hombre, pero tarde o temprano iba a pasar no? Va, yo tenía ganas y me pintó...
Se hicieron las tres y ya cansados decidimos volver. La vuelta fue silenciosa pero agradable. Drexler seguía de fondo y no había necesidad de decir nada. Llegamos a la puerta de casa.
-Che, todo bien eh, yo la pase muy bien hoy pero relajá. No tenes que desenvolver el speech de que me vas a llamar y eso... digo, si tenés ganas llamame, pero yo estoy tranquila, no te sientas presionado a decirlo... Gracias, estuvo muy divertido!
Un último beso y me bajé...
Eran las ocho y media y todavía no había llegado. Me dijo que me buscaba a las ocho, todavía no había motivo para desesperar.
Me quedé mirando por la ventana, hasta que ví un auto estacionarse y lo
reconocí.
Esperé a que llamara un par de veces, no daba salir tan rápido y que
pensara que lo esperaba como loca.
-Perdonáme, estaba tirada viendo TV y no tenía el celular encima.
Lo saludé friamente y vestida como para irme a un casamiento me subí al
auto, esperando que el se hiciera cargo de la situación.
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